Fracaso de la sublevación

En la tensa mañana de este 18 de julio de 1936, y conocida ya la insurrección en Marruecos, el gobernador civil de Huelva envía telegramas a todos los municipios para comunicar las últimas disposiciones del Ministerio de Gobernación, que prohíben las manifestaciones y reuniones en el espacio público. La tensión se multiplica por momentos, tanto en la calle como en el interior de las sedes institucionales. Aunque haya sido fuera de la Península, los rumores de rebelión militar se han hecho realidad. A esa hora, la obsesión de Madrid sigue siendo el orden público, por encima del ataque que acaba de sufrir desde las guarniciones militares del Protectorado. Los partidos y los sindicatos de izquierda piden desesperadamente medidas, pero la negativa del Gobierno a armar a la población es rotunda. Gran parte de las armas, además, están depositadas en las comandancias de la Guardia Civil de la provincia y en la mayoría de ellas hay conspiradores dispuestos a seguir custodiándolas para cuando llegue el momento.

A las tres de la tarde en Huelva ya se sabe que la mecha de la sublevación ha prendido en Sevilla. El Gobierno Civil, donde a primera hora ha estado el general Queipo que ahora encabeza la rebelión militar en Sevilla, es un hervidero de gente y de nervios. Se congregan allí todas las autoridades militares y civiles: el alcalde y el presidente de la Diputación de Huelva, Salvador Moreno Márquez y Juan Tirado Figueroa, respectivamente; los diputados Luis Cordero Bel y Juan Domínguez Prieto, los tenientes coroneles Alfonso López Vicencio, de Carabineros, y Julio Orts Flor, de la Guardia Civil; así como fuerzas sindicales y líderes políticos. Mientras, las calles del centro se llenan de gente de la ciudad y de los pueblos cercanos. La agitación ante las noticias que vuelan desde Sevilla es máxima.

En estas horas decisivas, el gobernador civil y el teniente coronel Julio Orts movilizan hacia Huelva y los pueblos de más población a las fuerzas de seguridad diseminadas por la provincia. Es una medida de urgencia que finalmente evita en muchos pueblos la insurrección de la Guardia Civil alineada con la derecha reaccionaria y las milicias fascistas de Falange. Con todo, la sublevación triunfa desde este primer momento en Hinojos y en Encinasola. En otros pueblos donde hay conato de rebelión en las comandancias de la Guardia Civil ésta será aplacada por la movilización de comités antifascistas y las columnas que inmediatamente se organizan y se desplazan desde la cuenca minera.

El historiador Espinosa Maestre apunta las claves del fracaso de la sublevación militar en la capital: “Los conspiradores, civiles y militares, desbordados por los acontecimientos, inseguros de su fuerza, deciden esperar tiempos mejores. La sublevación había fracasado en Huelva. Pero este fracaso no se debió solamente a la actitud de las autoridades y a la mayoría de la población, sino fundamentalmente a que en Huelva no había suficientes militares sublevados y fascistas como para imponerse. Si el día 18 hubiera habido como en Sevilla tropas que salieran a la calle, Huelva hubiera caído ese mismo día. El caso de Huelva, como el de Badajoz, demuestra que sin los sectores antirrepublicanos del Ejército y de la Guardia Civil la derecha nada hubiera podido hacer”.

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