Terror en el Condado

Toma de pueblosLas columnas de los sublevados  en Sevilla siembran el terror en los pueblos del Aljarafe y del Condado onubense en su desaforado avance sobre la ciudad de Huelva. Eran un híbrido de militares y de milicias de falangistas y requetés, aristocracia agraria –uno de los integrantes de la columna Carranza fue el torero falangista y terrateniente ‘El Algabeño’– y burgueses fascistas de Sevilla capital. Cuando tomaban los pueblos la actuación fue siempre la misma: lectura y publicación del implacable bando de guerra y nombramiento de una comisión gestora para ejercer el poder local desde los ayuntamientos. Solían componerla militares retirados y políticos de la dictadura de Primo de Rivera o del Gobierno republicano de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Piquetes de milicias de Falange y del Requeté, verdaderos cuerpos paramilitares que auxiliaron en las operaciones del ejército sublevado, permanecían junto a las nuevas gestoras y participaron en las tareas de control y purga, siempre cumpliendo las órdenes de la casta militar. Su activa participación en la represión sembró el terror en los pueblos, donde los fusilamientos expeditivos comenzaban nada más tomar cada plaza, muchas veces de la mano de las mismas columnas militares de ocupación.

Desde el 24 de julio las columnas de Queipo de Llano, auxiliadas por las bombas de la aviación, ocupan paulatinamente el Condado. El 27 controlan ya, aparte de Hinojos –donde había triunfado la sublevación el 18–, Chucena, Almonte, Bollullos Par del Condado, Manzanilla, La Palma del Condado, Rociana del Condado y Villalba del Alcor. En La Palma, que fue el principal escollo para los militares rebeldes en su camino hacia Huelva, los bombardeos contra la población civil habían provocado la reacción de los milicianos de izquierda, que asaltaron la cárcel. Allí permanecían detenidos en ese momento 40 presos derechistas, la mayoría pertenecientes o relacionados con las familias vinícolas. Los milicianos dispararon contra los presos y tiraron bombas caseras, y el asalto se salda con 15 asesinados.

Al día siguiente, la columna Carranza –desde la carretera de Bollullos– y la columna de legionarios de Castejón –desde la carretera general– ocupaban el pueblo prácticamente al unísono, lo que provocó ciertos roces entre ambos a cuenta de quién debía atribuirse el mérito de “la toma”. En represalia a la matanza de presos las tareas de limpieza comenzaron enseguida. “Con la Legión al frente –relata Francisco Espinosa Maestre en La guerra civil en Huelva– las fuerzas recorrieron el pueblo y sus alrededores efectuando una razia que pocos pudieron olvidar”.

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