Ocupación de la provincia

Una vez controlada Huelva capital, las nuevas autoridades golpistas dirigirán, en coordinación con el cuartel general de Queipo, el proceso de ocupación del resto de la provincia. La cuestión, en realidad, no estaba clara para ellos. Las operaciones a lo largo de la franja sur de la provincia habían provocado la huida de miles de personas hacia la cuenca minera y la sierra. Eran auténticas balsas de gente que con los pocos medios a su alcance plantan cara seriamente a los sublevados. Como señala Francisco Espinosa Maestre, los constantes enfrentamientos constataron “no sólo el escaso grado de aceptación de que los sublevados gozaban entre la mayoría de los españoles sino que éstos no deseaban cambio político alguno y estaban dispuestos a impedir su avance pese a su notoria inferioridad de medios”.

Fuerzas de Falange desfilando en el término de Valverde del Camino.

Fuerzas de Falange desfilando en el término de Valverde del Camino.

A comienzos de agosto, desde Sevilla se decide organizar la ofensiva contra Madrid desde el sur. El desvío hacia Badajoz supone un alivio para las fueras de izquierda onubenses que resisten en la cuenca minera y en el norte. Se produce en este momento una contraofensiva para rendir los cuarteles sublevados y recabar armas. El temor de los golpistas a que las columnas de los mineros retomen el control de Valverde del Camino –ocupada por los golpistas el 29 de julio como casi todo el Andévalo occidental–, provoca que desde Huelva se envíen tropas de Infantería y secciones de Ametralladora al lugar conocido como El Empalme, a 7 kilómetros de Valverde. Allí columnas de mineros les salen al encuentro. A pesar de la superioridad logística, los militares necesitaron refuerzos de Valverde, Huelva y Sevilla e incluso la cobertura de la aviación para rendir a los mineros. Es en esta batalla campal con bombardeos aéreos cuando desaparece del mapa la aldea de Los Membrillos.

El hostigamiento de las milicias mineras obliga a Queipo de Llano a enviar columnas militares –paralelamente a la marcha sobre Badajoz­– para emprender definitivamente la ocupación de la sierra y la cuenca minera. Y, como venía ocurriendo desde la primera fase de ocupación en el sur de la provincia, las tareas de limpieza y la aplicación del régimen del terror con fusilamientos masivos constituyeron la tónica de cada día. Conforme la resistencia de la población se hace notar con mayor fuerza, más despiadada es luego la represión.

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