Parrales no volvió más. Antonio Domínguez Muñiz

Antonio Domínguez Muñiz fue asesinado en el cementerio de Aracena en los primeros momentos de la ocupación por los militares sublevados. Es una de las cerca de 180 víctimas que yacen en esa fosa común. Su nieto, Antonio Tascón Domínguez, con quien nos vemos en el Casino Arias Montano –que fuera tradicional punto de reunión social de la derecha local– asegura que su abuelo materno fue ejecutado horas después de su detención, el 1 de septiembre de 1936.

Cuenta su nieto que había sido maestro zapatero y que regentó una taberna. En Aracena le llamaban Parrales. Estaba afiliado a la CNT y cuando ya venía la columna Redondo de Higuera hacia Aracena huye al campo de un amigo suyo. A los pocos días, al conocer que habían saqueado su casa de la calle Colón “se presentó para hacer frente a la situación”, relata su nieto. No mucho después, una madrugada fueron a buscarlo a casa de unos familiares, donde también estaban acogidos su mujer y sus cinco hijos. Querían –eso dijeron– tomarle declaración en el Cabildo, en la Plaza Alta. No volvió más.

“Lo detienen y directamente lo montan en un coche y lo fusilan”, dice Antonio Tascón, que asegura que al día siguiente fueron a detener también a uno de los hijos y que, en la puerta de la casa y entre los gritos de ‘asesinos’ de una de las hermanas, “uno de los ricachones del pueblo” que pasaba disuadió a los militares de efectuar la saca. “Aquel hombre salvó la vida de mi tío, no obstante él estuvo en la cárcel y luego lo movilizaron para ir al frente. Lo pusieron en primera línea pero sobrevivió”. Después de aquello, la viuda de Antonio Domínguez Muñiz vendió su pequeño capital, heredado de una tía que la había criado, para poder sobrevivir con dignidad. “Me cuenta mi abuela –dice Antonio Tascón– que ella vendió todo lo que tenía para que los hijos no fueran a servirle y a trabajarle a los que mataron a su padre”.

Antonio Domínguez Muñiz fue enterrado en la fosa común del cementerio de Aracena, donde una placa colocada en 2010 por el Ayuntamiento recuerda a las 180 víctimas que yacen allí. Foto: Antonio J. De la Cerda.

Antonio Domínguez Muñiz fue enterrado en la fosa común del cementerio de Aracena, donde una placa colocada en 2010 por el Ayuntamiento recuerda a las 180 víctimas que yacen allí. Foto: Antonio J. De la Cerda.

El golpe militar del 36 también se llevó por delante la vida del otro abuelo de Antonio Tascón, el padre de su padre, junto a un tío suyo. Antonio Tascón y Tascón y Andrés Tascón Ortega, padre e hijo, se integraron lo que se conoció como la Columna Ratón que cruzó la frontera provincial entre Huelva y Badajoz para unirse a la resistencia antifascista. El terrible suceso, que dejó numerosas víctimas mortales que fueron enterradas allí donde cayeron, en el término de Llerena (Badajoz), lo relata Francisco Espinosa en La guerra civil en Huelva:

Una muestra de las dificultades que encontraron los grandes grupos de huidos en su marcha –en este caso una enorme columna que pasó a Badajoz el día 24 de agosto–, fue la encerrona ocurrida cerca de Llerena a comienzos de septiembre de 1936, donde hombres, mujeres y niños fueron tiroteados desde diferentes puntos viéndose obligados los sobrevivientes a dividirse en pequeños grupos y vagar por terrenos desconocidos durante varias semanas, tras lo cual muchos de ellos retornaron a las sierras de Huelva.

Antonio Tascón Ortega, padre de Antonio Tascón, estudiaba en los salesianos de Utrera. Al conocer que su padre y su hermano Andrés había huido hacia Badajoz volvió a Aracena. Sufrió represión y vagó por diversas cárceles y campos de trabajo y de concentración. Tras un consejo de guerra y una condena a muerte, salvó la vida –señala su hijo Antonio que con dinero– y vagó por cárceles de Madrid, Reus y Vitoria. Cuando pudo volver a Aracena, la familia sobrevivió con lo que no les había sido confiscado. Gracias al capital que quedó a salvo, Antonio Tascón Ortega mantuvo su negativa a firmar los documentos que acreditaran que su padre y su hermano habían muerto por causa natural. “Al principio obligaban a muchas familias a firmar en algún documento que los fusilados habían muerto de muerte natural, si querían tener acceso algún trabajo o algo. Mi padre se negó, y durante muchos años los únicos que figuraron de Aracena como caídos en la guerra fueron mi abuelo y mi tío Andrés”, recuerda Antonio Tascón Domínguez.

Asegura que le gustaría encontrar el lugar donde yacen su abuelo y su tío, en el término de Llerena (Badajoz), pero es consciente de las dificultades. “He preguntado, pero oficialmente no he intentado nada. Claro que si todos los familiares nos hubiéramos unido, pero unos viven en Barcelona, otros en no sé dónde…” Caso distinto es el de la fosa del cementerio municipal de Aracena, perfectamente localizada, donde yacen su abuelo materno Antonio Domínguez y el abuelo de Gregorio Prieto. El Ayuntamiento ha colocado en 2010 una placa con los nombres de todos los que fueron enterrados en ese lugar.

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