Colaboración de la Iglesia con el “Glorioso Movimiento nacional”

No debe desdeñarse el papel colaboracionista que jugó la iglesia católica, apegada en general a la sublevación y a la derecha reaccionaria desde el principio. Hay algunas figuras eclesiásticas de la provincia que dan la nota de ello. Ejemplo es el caso del párroco de la iglesia de San Pedro a comienzos de la guerra, Luis Calderón Tejero, quien había elaborado informes -incluso desde antes de la República- sobre políticos izquierdistas y especialmente sobre masones. Su colaboración delatora alcanzó tal extremo que Calderón llegó a ser uno de los más cualificados confidentes del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo cuando fue creado en 1940. Sus informes eran requeridos desde Madrid y la desgracia de muchas familias, incluso acabada la guerra, se debe a ellos.

También colaborador hasta las máximas consecuencias fue el presbítero de la parroquia de El Polvorín, Pablo Rodríguez González, a quien se conocía en Huelva por el apodo de ‘Don Litro’, según se dice, por su afición al vino. Francisco Espinosa refiere en La guerra civil en Huelva (página 710, ed. 2005) cómo el sobrino de un fusilado en la cuenca minera le contó que había obtenido información sobre el final de su tío a través de uno de los partícipes en el piquete de ejecución:

El sobrino de una persona asesinada en un cementerio de la zona minera me cuenta por escrito la siguiente historia. Por motivos diversos no hace mucho se enteró de las circunstancias en que murió su tío, cuyo destino la familia nunca llegó a saber. La particularidad es que el informante fue uno de los que participaron en el piquete asesino. El que organizó la saca fue un cura de Huelva conocido por Don Litro, el cual, cuando se dirigían hacia el cementerio, había insistido en que confesaran los que iban a morir. Al concluir la masacre observaron que habían despertado a alguien que vivían allí cerca, que indudablemente había presenciado todo. No había hecho más que arrancar el camión cuando el cura, «preocupado, ordenó parar, descendió, regresó junto al testigo y le disparó un tiro de pistola en la sien».

Calle dedicada en Huelva capital al Presbítero Pablo Rodríguez, al que llamaban Don Litro. Foto: Jesús Chacón.

Calle dedicada en Huelva capital al Presbítero Pablo Rodríguez, al que se conocía como “Don Litro”. Archivo Memoria de Huelva.

Por otra parte, y por no extender más la lista de ejemplos, las memorias del jesuita Bernabé Copado, capellán que integró la columna Redondo en su avance por la sierra y la cuenca minera, constituyen una prueba por escrito de esta disposición de la iglesia católica para colaborar con la “cruzada” de los golpistas. En las memorias de este capellán puede leerse, en referencia a la represión, lo siguiente:

Es consolador ver cómo mueren muchos, mejor dicho, la totalidad. Todos se confiesan y algunas de las muertes han sido edificantes y sobremanera consoladoras.

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