Borrar las huellas

Cadáveres de fusilados arrojados a una fosa común en la cuenca minera.

Cadáveres de fusilados arrojados a una fosa común en la cuenca minera.

Los golpistas se cuidaron de los testigos y de los documentos que alumbraran las huellas de su limpieza política, y todas sus acciones trataron de taparse desde el principio. Hoy no aparecen fuentes clave para alcanzar la dimensión completa de la represión: los archivos de los gobiernos militares, los de las comandancias de la Guardia Civil y los de las comisarías de Orden Público. Pero ya entonces se tuvo mucho cuidado de la información que llegaba a los ciudadanos. La propaganda fascista, auxiliada por la prensa al servicio de la sublevación, no ofrecía por lo general detalle alguno de las operaciones de purga y terror y exageró con batería retórica los “desmanes” –palabra habitual– de los rojos. Por contra, cuando en los pueblos ocupados se encontró a salvo a los derechistas que habían sido detenidos, merced a la acción de las autoridades republicanas, la propaganda de los sublevados lo achacaba a que los comités de izquierdas no tuvieron tiempo de eliminarlos.

Así, según el plan general diseñado por los mandos militares del golpe, se forjó ante la opinión pública la idea de la “cruzada” del ejército “de salvación”, una suerte de misión providencial que había de librar a España de la ruina hacia la que la conducía el marxismo, según preconizaban los cimientos ideológicos del llamado “Glorioso Movimiento Nacional”. Es la clásica tarea redentora que ilumina la acción de cualquier golpista que se precie. En realidad la actuación de los militares sublevados en Andalucía, en España, que acusaron a sus víctimas de rebelión militar –precisamente lo que hicieron ellos–, estuvo desde el principio al margen de la legalidad.

Los sublevados contra el Gobierno legal trataron de  borrar las huellas de su limpieza política. Las víctimas del bando de guerra son desaparecidos de los que no quedó rastro. Las exhumaciones son prueba de lo que ocurrió. En la imagen, cráneo extraído de una fosa en Zalamea. Fuente: Rafael López Fernández, AMHyJ.

Los sublevados contra el Gobierno legal trataron de borrar las huellas de su limpieza política. Las víctimas del bando de guerra son desaparecidos de los que no quedó rastro. Las exhumaciones son prueba de lo que ocurrió. En la imagen, cráneo extraído de una fosa en Zalamea. Fuente: Rafael López Fernández, AMHyJ.

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